Basta de violencia y femicidios

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vilmaCasaCbaPaola, Melina, Rocío… Los nombres de las mujeres víctimas de violencias de género se vuelven casi familiares para el pueblo, que semana a semana recibe con bronca creciente las noticias sobre nuevos femicidios o agresiones. El asesinato de Paola nos tocó muy de cerca, porque era simpatizante de nuestro partido y hermana de una militante; también por las penurias de su hijita Martina. La aparición del cuerpo de Melina también fue un impacto y ya hay cuatro detenidos, sospechados de haberla violado y asesinado en forma premeditada.

Junto al profundo dolor que nos causan esas muertes tan injustas y el caso de la violación de Rocío, o el de Andrea, la modelo desfigurada por su ex novio en Núñez, o el de la médica agredida en el Hospital Mercante, surge también el repudio popular ante la actitud perversa de la policía y la justicia.
Desde Juntas y a la Izquierda y desde nuestro partido, el MST-Nueva Izquierda, venimos planteando propuestas concretas para actuar ante casos similares a fin de combatir a fondo la violencia de género y también para avanzar en profundos cambios a nivel policial y judicial. Es inaceptable que en la Argentina tengamos un femicidio cada 30 horas. Agrupamos nuestras propuestas en cuatro aspectos centrales:

1. Denuncia y movilización social

A una mujer o niña víctima de violencia de género hay que ayudarla y acompañarla a reclamar ayuda a los servicios que haya. Y si se trata de una desaparición hay que actuar urgente, más aún si hay algún antecedente o indicio de violencia de género. Desde ya hay que hacer la denuncia policial, exigiendo la acción inmediata sin excusas ni dilaciones. Pero no se puede confiar en estas fuerzas policiales, diseñadas para reprimir las luchas y no para cuidar la seguridad del pueblo.
Hay que organizar a la familia, a los amigos, al barrio, los compañeros del lugar de trabajo o estudio. Llamar a los medios. Hacer una protesta en la calle, una marcha, convocando ampliamente a todas las organizaciones posibles para visibilizar el caso. Y así seguir presionando a la comisaría, el juzgado, la Municipalidad. Esta movilización popular es la única garantía de todo lo que se pueda lograr, sea la aparición con vida de la mujer o niña en el mejor de los casos o, si no se pudo evitar lo peor, para que haya justicia para las víctimas y castigo a los culpables.

2. Emergencia y presupuesto

Desde 2009 rige la Ley 26.485 de “protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”. Pero de 231 femicidios en aquel año subimos a 295 en 2013: casi un 30% más en cinco años (son datos de la ONG La Casa del Encuentro, porque vergonzosamente no hay estadísticas oficiales). Por más ley que haya, si los gobiernos no le asignan presupuesto es letra muerta.
Por eso exigimos que se declare la emergencia en violencia de género y se destinen fondos suficientes para cuatro tareas básicas:
Abrir más refugios para las mujeres víctimas y sus hijos. Los expertos de la ONU recomiendan un refugio cada 30.000 personas, lo que en el país sería unas 13.000 camas, pero hay apenas unas mil: ¡10 veces menos de lo necesario! Es que si la mujer no tiene adónde ir, se la condena a volver con el golpeador.
Montar equipos de asistencia jurídica y psicológica gratuita. Esta atención profesional es vital para que la mujer pueda sostener su defensa y romper el círculo de violencia. Los servicios que hay son totalmente insuficientes.
Otorgar subsidios de reinserción habitacional y laboral, para que la mujer víctima de violencia de género pueda rehacer su vida y la de sus hijos. Hoy estas ayudas no existen.
Campañas masivas de concientización y prevención, incluyendo programas en todos los niveles educativos.
Para que estas medidas realmente se cumplan, se deben aplicar con la participación y control de las organizaciones de mujeres. Estos mismos puntos plantea el proyecto de ley que presentó nuestro diputado Alejandro Bodart en la Legislatura porteña.

3. Incluir la figura de femicidio

A fin del 2012 se hizo un cambio muy limitado en el Código Penal, que amplió los vínculos pero no incluyó la figura de femicidio. Por un lado, y aun sabiendo que la ley penal no previene ni evita el femicidio sino que lo castiga después, no debe haber ningún atenuante y la condena al asesino tiene que ser cadena perpetua. Es que los jueces y fiscales siempre buscan vericuetos para favorecer al violento. Y lo más importante: prohibir que la patria potestad de los eventuales hijos de la mujer asesinada se le otorgue al femicida o a sus familiares.

4. Profunda reforma judicial y policial

La policía y la justicia reproducen y aplican la opresión hacia las mujeres, que es un pilar de este sistema capitalista y patriarcal. Por eso, salvo raras excepciones, actúan siempre mal, tarde y de alguna manera cómplices del femicida, el violador, el golpeador. Ante una hipótesis de violencia de género, ningún “protocolo” puede justificar la más mínima demora. Y como parte de una reforma de fondo, hay que depurar y democratizar toda la policía y la justicia.
Una de las medidas clave es que los jueces, fiscales y comisarios sean elegidos y revocables por el voto popular, no como ahora que se designan por acuerdos de la vieja política o por verticalismo. Si el mandato de todos ellos fuera limitado en vez de vitalicio y tuvieran que rendirle cuentas al pueblo por su actuación, seguramente se cuidarían de hacer las barbaridades que hacen, cuyo costo es la vida de mujeres.
A las compañeras y compañeros que coincidan con estas propuestas, entonces, los invitamos a organizarse con nosotros para luchar juntos por hacerlas realidad. A la vez, creemos necesario ir por cambios políticos estructurales ya que este modelo capitalista, sus gobernantes, instituciones -incluida la cúpula de la Iglesia- y dirigentes son una losa que apuntala la desigualdad de las mujeres, que es la base de la opresión machista y la violencia de género.
Por eso los convocamos también a fortalecer una alternativa política como la que estamos construyendo en el MST-Nueva Izquierda, que levanta con toda fuerza las banderas violetas por los derechos de las mujeres como parte de un programa de profunda transformación social.

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