No a la trata

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Que aparezca Candela Rodríguez

El caso de Candela conmueve al país. Cristina tuvo que recibir a la mamá, y ahora a los padres de María Cash.
El Senado debate cambios a la Ley de Trata y crear un registro de violadores. Pero hasta ahora no se encara con fuerza el combate contra la trata de personas para explotación sexual, dramaque viene en aumento.

Antes se daba más en las provincias del norte, sobre todo las fronterizas. Hoy en casi todos los centros urbanos crecen las noticias de desaparición de mujeres, niñas, niños o adolescentes, víctimas de las redes de trata y prostitución.

A nivel mundial, la trata es la tercera actividad ilegal, luego del tráfico de drogas y de armas, y genera más de 10.000 millones de dólares anuales. En la Argentina, se estima que en el último año y medio más de 600 mujeres fueron reclutadas para ser explotadas sexualmente.

Estas lacras, de antigua data, son parte de todo el sistema de opresión social y cultural hacia las mujeres. Una de sus caras es considerar a la mujer objeto sexual, cuyo colmo son las violaciones. Pero la cara peor y más atroz es la explotación como mercancía, como esclavas sexuales.

La connivencia del poder

Como en todo delito económicamente organizado, la trata y la explotación sexual no podrían funcionar ni un minuto sin la protección y la complicidad del poder. Son comisarios y policías, funcionarios judiciales y punteros políticos los que amparan esos graves delitos. Por dar un ejemplo, aún revista en la Policía Metropolitana de Macri el ex comisario federal Miguel Ángel Colombo, procesado por el cobro reiterado de coimas a tres prostíbulos porteños.

Algunos sólo coimean. Otros son socios o hasta propietarios de los prostíbulos o “whiskerías”. A menudo, quienes denuncian desde adentro del aparato del Estado son amenazados y raleados. Sin ir a fondo en la investigación, depuración y castigo de esos sectores no hay posibilidades ciertas de combatir con algún éxito la trata.

Rubro 59, prostitución y trata

Como en otros temas, el gobierno K toma medidas superficiales en vez de atacar la cuestión de raíz. Más que ayudar a combatir la trata, prohibir la publicación de avisos estilo “rubro 59” de hecho termina perjudicando a las personas que ejercen la prostitución por su propia cuenta.

En lenguaje técnico, trata es el sometimiento sexual mediante engaños, amenazas o vejaciones, obligando a la víctima a ejercer la prostitución. Por eso no toda prostitución es trata. Si lo hacen personas mayores de edad, por su voluntad, con libertad y discernimiento, es una actividad que no cabe penalizar.

En cuanto a la prostitución, desde 1949 nuestro país adhiere a la línea abolicionista. O sea que debe buscar abolir sus causas, a diferencia de la línea prohibi-cionista o re-gulacionista. Es que muchas de las personas que la ejercen son empujadas a ello por haber sido excluidas de la esfera laboral, o por su condición sexual (traves-tis, transexua-les) les es imposible acceder a un empleo.

Los socialistas no entendemos la prostitución como una forma más de trabajo. Si en el sistema capitalista todo trabajo explotado aliena el cuerpo y la mente, este es el caso extremo. Pero como hay mujeres que sí la ven como un trabajo, defendemos sus derechos y a ellas mismas de toda persecución, sea policial, “legal” o “moral”.

Algunas medidas urgentes

En el 2000, la Argentina se comprometió con el Protocolo de Palermo y la Convención de la ONU contra la delincuencia organizada transnacional. En abril de 2008, el Congreso aprobó la Ley 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas. A pesar de esos compromisos, el país hoy sólo cumple estándares mínimos.

Hace falta un verdadero plan de allanamientos a los prostíbulos para combatir a proxenetas, tratantes y la complicidad policial y política. En la legislación, hay que eliminar los márgenes de impunidad y dar mayor resguardo a las víctimas. A la vez, el Estado debe poner en pie servicios de refugio y contención, asistencia legal y psicológica, así como salida laboral y habitacional. Estos serían pasos concretos en la lucha contra la trata y la explotación sexual.

Colaboraron Gina Erramuspe y Alejandra Giordano (CADHU)